Como la criopreservacion ya salva y mejora vidas hoy

Álvaro Meana, director del Banco de Tejidos de Centro Comunitario, en uno de los tanques de criopreservación donde se conservan huesos. / FOTOS: PABLO LORENZANA

El Centro Comunitario almacena para su reutilización cientos de fragmentos de donantes. Huesos, arterias, tendones y córneas se guardan en neveras y tanques de nitrógeno líquido a 195,8 grados bajo cero.

Los laboratorios del Centro Comunitario son una auténtica fábrica de  tejidos humanos. Desde sus neveras salen cada año hacia los hospitales más de un millar de fragmentos óseos y oculares que se emplean tanto para trasplantes como para tratar y curar lesiones.  Huesos, arterias, piel, nervios, trozos de cráneo, córneas, escleras (la capa más externa del ojo) y hasta membrana amniótica procedentes de donantes cadáveres se reciben y preparan de forma meticulosa en El Cristo, junto al viejo HUCA, en Oviedo. El material tratado y fraccionado se reutiliza en pacientes afectados por fracturas o roturas de tendones, enfermedades de la vista, quemaduras de piel y cánceres. El abanico es amplísimo y crece año tras año.

La Unidad de Ingeniería de Tejidos dirigida por el médico Álvaro Meana (Gijón, 59 años) se encarga de analizar, adecentar y conservar el material humano que posteriormente será enviado a los quirófanos de hospitales. Del millar de fragmentos que cada año se almacenan en las neveras y tanques de criopreservación del Centro Comunitario de Sangre y Tejidos, el 60% se trasplanta en Asturias. El resto se envía a hospitales y centros sanitarios de fuera de la región. Madrid, Alicante y Murcia son los principales destinos.

El Banco de Tejidos de Asturias constituye todo un referente en España. Desde hace años mantiene una importante línea de colaboración con la División de Biomedicina Epitelial del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas CIEMAT), de Madrid, donde su máximo responsable, el también gijonés José Luis Jorcano, se ocupa cada vez que tiene ocasión de poner en valor la gran labor investigadora que Meana realiza desde el Centro Comunitario. De hecho, el modelo de piel cultivada para tratar grandes quemados que ideó dicho experto, allá por 1998, es el mismo que ahora se emplea para investigaciones europeas sobre enfermedades raras, entre ellas, la conocida como piel de mariposa. Hace dos años, el Centro Comunitario llegó a un acuerdo con una casa comercial que se encarga ahora de aplicar esta piel cultivada como medicamento.

Personal de laboraratorio prepara el material procedente de las donaciones para trasplantes.

Rechazo inmunológico.

Pero no solo de piel vive el Banco de Tejidos de Asturias. Los laboratorios de El Cristo diseñan fragmentos cada vez más complejos e individualizados de huesos, córneas y nervios. «Es raro que te pidan un fémur completo, pero sí un trozo de hueso específico para una lesión», precisa Meana. La calidad en la producción y conservación de estos tejidos «se traduce en mejores resultados a la hora de realizar un implante», detalla. De ahí la importancia de mimar el proceso.

Hace un año, el Centro Comunitario dio el salto a los huesos liofilizados y desmineralizados, «que tienen la gran ventaja de que se pueden conservar a temperatura ambiente» frente al nitrógeno líquido, que exige temperaturas de 195,8 grados bajo cero. También diseñan piel sin células y nervios acelulares, materiales cada vez más empleados, ya que evitan el rechazo por parte del enfermo que recibirá el trasplante. Estos nuevos tejidos, explica, se han convertido «en una futura línea de trabajo y se prevé que sean lo más demandado a corto y medio plazo».

En el Centro Comunitario, cada uno de los de tendones, huesos, piel o tejido ocular extraídos a los donantes se «limpia, corta y almacena». Allí se conservan a la espera de que sean solicitados para una cirugía o un tratamiento. «Muchas veces nos piden algo muy especial, que se adapte al paciente y al tipo de lesión. Siempre que podemos, intentamos solucionarlo, ya que la medicina es cada vez más personalizada».

Algunas de las piezas que luego se envían a los hospitales.

Implante lamenar.

Mención especial merece el trabajo que vienen realizando con el tejido ocular y que se lleva a cabo en estrecha colaboración con el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega. Córneas, membrana amniótica y escleras procedentes de donantes se cortan y preparan para su uso en implantes. El de córnea es uno de los más conocidos, pero no el único. Además, según apunta Álvaro Meana, «ahora ya no trasplantan la córnea entera, sino que se retira y reemplaza el trozo enfermo, lo que ha hecho que mejore, y mucho, el resultado de la técnica».

El llamado trasplante lamenar es una opción terapéutica en alza. El Instituto Fernández-Vega dispone de un especialista en fragmentar córneas que luego se emplearán en los quirófanos del HUCA y del propio instituto. La membrana amniótica, por ejemplo, «se utiliza como depósito biológico para rellenar la córnea».

Fuente: El Comercio(Asturias). Autora: Laura Fonseca (Oviedo). Domingo, 10 diciembre 2017, 02:39