El secreto para una larga vida.

¿Cuál es el secreto para una larga vida?. Puede estar escondido en el ADN de los más viejos entre nosotros.

James Clement ha recorrido el mundo en busca de supercentenarios, mayores de 110 años, que estuvieran dispuestos a contribuir con sus genomas a un estudio científico.

Goldie Michelson, murió el año pasado a los 113, no sin antes haber compartido sus secretos para una vida tan longeva: “Caminatas matutinas y chocolate”.

Muchos supercentenarios, rara vez tienen una enfermedad o discapacidad prolongada antes de morir, una circunstancia que muchos de ellos han atribuido a sus hábitos personales:

Shelby Harris: “Tráto de vivir de verdad,” quien realizó el primer lanzamiento de la temporada 2012 del equipo local de béisbol de ligas menores unos meses antes de morir a los 111 en Rock Island.
Emma Morano de Verbania, Italia, todavía cocinaba su propia pasta hasta pocos años antes de morir el pasado mes de abril a los 117. Su consejo era huevos crudos y ningún marido.

Pero a pesar de que pensaban que su longevidad excepcionalmente saludable se explicaba por su estilo de vida, cada uno de ellos estuvo de acuerdo en donar ADN para que se pudiera encontrar el secreto de los genes supercentenarios.

Las secuencias genéticas completas de la Sra. Michelson, el Sr. Harris y la Sra. Morano se encuentran entre una docena de genomas de supercentenarios norteamericanos, caribeños y europeos que la organización sin ánimo de lucro Betterhumans compartirá con cualquier investigador que quiera estudiarlos.

Algunos genomas adicionales provienen de personas que murieron a los107, 108 o 109. Se puede demostrar que hay patrones inusuales en sus tres mil millones de pares de bases nitrogenadas:A, C, G y T, las nucleobases que componen todos los genomas, y que presumiblemente han prolongado sus vidas protegiendo su salud. Siguiendo esta teoría, se podría concebir una medicina o terapia génica que replicase estos efectos en el resto de las personas.

“Espero que encuentres algo que le haga bien a alguien”, dijo Clarence Matthews, de 110 años, quien permitió que su sangre se extrajera como contribución final a la base de datos el año pasado en su casa de Indian Wells, California.

Se trata de encontrar explicación a porqué los supercentenarios cuentan con una “supervivencia verdaderamente rara”, y porqué son uniformemente más sanos que los centenarios y las personas que llegan a los 90, en sus últimos meses ó años de vida. Es posible que posean un código genético que los proteja activamente del envejecimiento, aunque el estudio se complica por las dificultades de adquirir ADN supercentenariano.

El New England Centenarian Study, uno de los pocos grupos de investigación de la longevidad en todo el mundo que se centra en supercentenarios, actualmente está rechazando a los posibles donantes de ADN menores de 103 años: “Les decimos que son demasiado jóvenes”, dijo el Dr. Thomas Perls, director del estudio.

La utilidad de un grupo tan pequeño de donantes para un estudio genético no está clara. Los rasgos complejos como la altura, el índice de masa corporal y el riesgo de enfermedad, fenotipos, como se los conoce en genética, generalmente surgen de una combinación de cientos de lugares en el genoma donde el alfabeto de ADN difiere entre individuos. Poner a cero las variaciones que afectan a los fenotipos requiere el poder estadístico de decenas de miles de muestras de ADN. En el caso de los supercentenarios, el número verificado en todo el mundo, ronda los 150. Además, en grandes franjas del planeta, donde los registros de nacimiento son incompletos o inexistentes, la identificación de supercentenarios verificados es prácticamente imposible. En los Estados Unidos, los investigadores dicen que los supercentenarios representan aproximadamente uno de cada cinco millones de personas. Aún así, algunos investigadores esperan que, a pesar del limitado número de genomas disponibles, será posible identificar el secreto de los supercentenarios con métodos utilizados para descubrir la base genética de otras condiciones raras.

A medida que el objetivo de frenar el envejecimiento para extender la “duración de la salud humana” ha ganado fuerza en la corriente principal de la ciencia, la investigación se ha limitado en gran medida a los estudios en animales. Por ejemplo, una empresa de Google, California Life Company (Calico), está analizando el genoma de la rata topo, que tiene una vida 10 veces más larga que la de la mayoría de sus parientes de especie. También, científicos financiados con fondos federales están probando un medicamento en monos, basado en un experimento que duplicó la vida de los gusanos redondos, y en los laboratorios de todo el mundo, se ha conseguido revertir los marcadores de la edad en ratones, ratas y peces.

Pero lo que funciona en organismos de vida más corta a menudo no lo hace en humanos, cuyo promedio de vida en los países desarrollados se acerca a los 80 años. Por lo tanto, a pesar de las limitaciones de la base de datos de los supercentenarios, varios investigadores prominentes ya han expresado interés en ello.

De los aproximadamente 70.000 estadounidenses que viven hasta los 100, sólo unas dos docenas están normalmente vivos a los 110.

Una vez que se alcanza ese hito, la probabilidad de morir dentro del próximo año es aproximadamente del 50 por ciento. Después de 113, las probabilidades están más cerca del 66 por ciento. La persona más anciana registrada, Jeanne Calment, tenía 122 años cuando murió en 1997. Sólo se tiene constancia de otra persona que vivió más de los 118 años.